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El Gobierno progresista PSOE/Sumar maniobra con la patronal y los sindicatos amarillos para reventar la Huelga en Airbus

La determinación demostrada por la plantilla en el proceso, el seguimiento masivo y la unidad demostrados durante la huelga han desbordado a los sindicatos amarillos, vendidos a la dirección, y a todos sus intentos previos de desconvocarla.

La plantilla de Airbus, compuesta por 14.000 trabajadores en España, decidió iniciar un proceso de huelga indefinida el pasado mes de Julio, fruto de la acumulación de agresiones a sus condiciones laborales que venía perpetrando la patronal desde la pandemia. Unas agresiones que contrastan con el incremento de beneficios récord que ha venido alcanzado en este periodo, llegando a acumular 21.669 millones desde el año 2021, y a un máximo de 5.221 millones en 2025.

Sin embargo, la patronal, consciente de que su modelo económico capitalista no se sostiene, y dado que ha decidido parchearlo apostando por una economía basada en la guerra de saqueo a terceros países y en la industria militar, entiende que debe incrementar el grado de explotación hacia la clase obrera, tratando de acumular capital en previsión de la crisis hacia la que nos dirige su modelo obsoleto. Por ello, incluso en la industria de la guerra, por muy rentable que esté siendo, no está dispuesta a compartir un ápice de la riqueza que los trabajadores generamos y, con ese propósito, la dirección de Airbus inició una senda de recortes en sus condiciones laborales, despreciando la negociación colectiva e imponiéndolas con decisiones unilaterales: 

  • Pérdida de poder adquisitivo en los salarios cercanos al 10% en los 6 años anteriores
  • Paralización de contrataciones con el consiguiente aumento de la carga laboral
  • Reorganización de la plantilla en empresas satélites sin garantizar el respeto de las condiciones 
  • Implantación de un programa abusivo de control de las bajas médicas con penalización económica
  • Imposición de 3 semanas de obligatoriedad de vacaciones en agosto
  • Reducción de 2 a 1 día de teletrabajo
  • Bloqueo de prejubilaciones y contratos de relevo
  • Eliminación de las rutas de transporte colectivo
  • Eliminación del complemento del 100% de incapacidad
  • Retirada del comedor
  • Retirada de las ayudas a estudios para los hijos de empleados
  • Recortes en el plan de pensiones
  • Eliminación de la flexibilidad horaria

Este proceso nos muestra, como enseñanza clara, que los trabajadores no podemos aflojar en la organización conjunta y en la defensa de nuestros intereses, por muy buenas condiciones que hayamos podido conquistar con luchas pasadas. La patronal tratará de arrebatárnosla en cuanto nos relajemos o confiemos en la buena marcha económica y caeremos en un grave error si nos fiamos de las buenas palabras e intenciones de los empresarios y abandonamos la organización, pensando que dejó de ser necesaria.

La aristocracia sindical vendida a la dirección (CCOO y UGT principalmente) ya trató anteriormente, en julio, de reventar la huelga, firmando un acuerdo con la dirección donde pedían a los trabajadores que claudicaran de sus reivindicaciones. El falso acuerdo lo utilizaron sin éxito para tratar de dividir a los trabajadores e intentar hacer caer la movilización que tan contundentemente han protagonizado las plantillas, muy a pesar de la dirección y de sus sindicatos traidores. Sin embargo, fue rechazado en asamblea por votación, como también hicieron con la petición de suspensión de la huelga del día 31 de agosto, de forma contundente, con el 81,2% de los votos. Suspensión que exigió la empresa para continuar la negociación.

La cerrazón de la dirección a no ceder ante la presión de los trabajadores y mantener tensada la cuerda ha hecho que los dos meses de paro de la producción puedan afectar económicamente a la empresa, por los compromisos adquiridos con los clientes, que podría conllevar penalizaciones por los retrasos en las entregas, así como parálisis en la industria auxiliar del sector, lo cual afecta de forma generalizada a la patronal. Esto nos debe hacer entender a los trabajadores la capacidad de influir que tenemos la clase obrera sobre el enemigo de clase: si los trabajadores no producimos, los empresarios son los que más pierden. 

La empresa, consciente de su imposibilidad de doblegar la voluntad de los trabajadores hasta la fecha y como fórmula de salir airosa del conflicto, se ha guardado la baza de la mediación del gobierno, con el que ha sincronizado sus declaraciones para tratar de maquillar una derrota contundente o incluso probar un último intento de engaño a los trabajadores, escenificando un teatro de mediación donde parezca que no ha cedido a las reivindicaciones de la plantilla. Pretende hacer creer el relato de que, si los trabajadores finalmente consiguen algo, que no sea porque han demostrado determinación en la lucha, de manera que no cunda el ejemplo en otros sectores y otros trabajadores. También tenemos que observar atentamente este hecho: si los empresarios se toman tantas molestias para minimizar la repercusión que tienen nuestras luchas es porque saben que cuando los trabajadores seamos conscientes de la fuerza de la unidad, ellos estarán perdidos. La lucha de clases se libra continuamente aunque los trabajadores no tengamos nuestro “ejército” preparado…, y la iremos perdiendo mientras que no lo tengamos.

Así, resulta curiosa la sincronización entre patronal y el secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, que días antes de que la empresa bloqueara la negociación negándose en el SIMA a negociar más con el comité de huelga, se mostró en declaraciones dispuesto a mediar en la negociación “si el conflicto no avanza” por el “importante impacto en la economía española”. Una preocupación la del gobierno que sólo aparece cuando el afectado es la patronal y que no se manifestó en ningún momento durante estos años mientras la empresa perpetraba el robo a los trabajadores para incrementar sus beneficios.

Pero la demostración clara de que el cometido del gobierno es el de beneficiar en lo posible a la patronal se dió en las amenazas que profirió Brustenga, declarando que “seguramente” el Gobierno tendrá que “entrar” en el conflicto, pues “No podemos jugar con el pan de los próximos 30 años”. Lo que nos viene este señor a decir es que el gobierno actúa cuando los empresarios se han visto acorralados por la determinación de los obreros y lo hace para ayudarles a salir airosos del conflicto frente al empuje de la plantilla. Un gobierno que hace suyo el argumento-chantaje de los empresarios de deslocalizar la producción fuera del país si no aceptamos sumisamente condiciones de semiesclavitud. Un argumento que la historia reciente ha desarmado en la práctica, dado el fracaso en el que los capitalistas occidentales se han colocado a sí mismos con las deslocalizaciones de la producción a Asia de las últimas décadas y que les ha llevado a iniciar otra nueva guerra mundial por la hegemonía imperialista.

Tras estas declaraciones, el gobierno perpetró el pasado día 4 de agosto una suerte de encerrona de reunión, donde excluyó de la misma al comité de huelga y los sindicatos convocantes, y donde se impuso un no acuerdo que sólo negoció en salas separadas con los sindicatos vendidos. Un texto de condiciones donde la patronal cede a muchas de las reivindicaciones de los trabajadores pero que dejan cerrado a la negociación para que la superioridad de fuerza de los trabajadores no se vea reflejada con mayores conquistas. El gobierno plantea con este movimiento sobre qué tienen que decidir los trabajadores, imponiendo la agenda de la patronal, dada la falta de una organización que dirija a los trabajadores firmemente que imponga la iniciativa en la agenda, que por la fuerza demostrada le corresponde a los trabajadores tener, y que dote a la plantilla de moral para sobreponerse al cansancio de la prolongación del conflicto. De esta forma, los trabajadores se ven relegados a la cesión de su posición prominente alcanzada. Un gran capotazo que el gobierno da a los empresarios, una nueva traición a la clase obrera.

El gobierno, en una democracia capitalista, por muy progresista que se llame, es un vulgar lacayo de las multinacionales, que utilizan el poder político para favorecer la transferencia de riqueza que los trabajadores producimos hacia las élites económicas. 

Para ello no duda en ejercer el monopolio de la violencia, con la represión policial y judicial y la criminalización de la organización sindical y la defensa de los derechos de los trabajadores, dejando en papel mojado los principios fundamentales del derecho de huelga, de libertad sindical y negociación colectiva recogidos en en eso que llaman Carta Magna. Buenos ejemplos de esas agresiones son los casos de las manifestaciones por el cierre de la factoría de airbus de Puerto Real en 2021, donde piden 10 años y medio de prisión, 20.000 € de multas y 53.000 € de indemnización a tres compañeros, las tanquetas enviadas contra la huelga del metal en Cádiz y las posteriores multas por la fascista ley mordaza.

En cualquier caso, en los próximos días veremos cómo se desenvuelve el conflicto finalmente, cuya última palabra la tiene la asamblea. Pero los trabajadores tenemos que tener claro que los logros que se puedan obtener habrán sido arrancados a la patronal, fruto de la lucha firme y la unidad, pese a la desmovilización de los sindicatos vendidos y la represión de los gobiernos capitalistas. Y que si queremos avanzar en derechos y desmontar este sistema de reparto desigual de lo que producimos los trabajadores, la organización obrera tiene que incrementarse o de lo contrario la patronal nos llevará a la explotación máxima a la que puedan someternos para satisfacer sus insaciables ansias de acumulación de capital.

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